Hotel Patagónico: historia y lujo

El product manager de GoChile, Pablo Dutilh, cuenta la historia del Hotel Patágonico y relata su experiencia en uno de los mejores hoteles de Puerto Varas.

Desde la década de los 30 que Puerto Varas es un destino turístico con intensa actividad, recibiendo numerosos visitantes tanto chilenos como extranjeros en variados tipos de alojamientos. Es en esa época que la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) decide construir un hotel para satisfacer la creciente demanda por disfrutar las bondades del Lago Llanquihue y sus alrededores. La gastronomía y la cultura local, ligada a los colonizadores alemanes que explotaron los recursos de la zona –rodeada de selvas frías, lagos y volcanes– han sido desde siempre un gran atractivo para los turistas.

En 1936 fue inaugurado el Gran Hotel Puerto Varas y el 2007, luego de varios años como uno de los mejores hoteles del sur de Chile, recae en manos de un grupo de inversionistas que decide relanzarlo y desarrollar sobre su gran infraestructura el Hotel Patagónico, de la mano del arquitecto Jose Domingo Penha Fiele.

Recorriendo sus amplios pasillos y salones se descubre elementos típicos de la Patagonia, como muebles de maderas rústicas y objetos decorativos  de las culturas indígenas originarias (Mapuche, Pehuenche). Con casi  14.000 m2 construidos, el hotel tiene 91 habitaciones entre Standard (53), Superiores (30), Suites (2) y Master Suites (6), el restaurante El Alerce, el bar Kutral, y el spa Kalul. Sus espacios comunes acogen a sus huéspedes y los conectan con la cultura local, por ejemplo con las frases de escritores chilenos impresas en las paredes, y excelentes libros de sus pueblos originarios en su chimenea-biblioteca.

Es un edificio de estilo minimalista, sin exceso de elementos decorativos, y que respeta el uso de materiales típicos de la Patagonia, como maderas y cueros en sus muebles, todo para generar una experiencia única en hotelería con las mayores comodidades. Los espacios calculados a escala de principio de siglo, con una arquitectura grandiosa que no escatima en tamaños, se refleja en sus habitaciones de lujo, un spa muy bien equipado, y los sillones junto a la gran chimenea.

El servicio es sin duda un punto alto del lugar, con un personal de trato amable y tranquilo (como es la gente del sur), que te hacen sentir realmente cómodo en un entorno a veces hostil por el clima de la región. Y las exquisiteces  de su restaurant y bar, desde el pisco sour hasta el asado de cordero, sorprenden por su perfecta elaboración.

Por todo esto la invitación a visitarlo surge naturalmente, más aún en la temporada invernal, donde resaltan sus comodidades y espíritu acogedor, y existen variadas promociones y descuentos especiales.