Santiago según un cabeza hablante

David Byrne, el multifacético músico escocés-estadounidense que en los 70’s sacudió el panorama musical con su banda new-wave Talking Heads estuvo en tierras locales en julio pasado. Sobre sus vivencias, experiencias y relatos te contamos en la siguiente nota.

Por Álvaro Rojas

David Byrne, el connotado frontman de Talking Heads es también un activo miembro de la comunidad web. En su página pueden encontrarse numerosas entradas sobre actualidad, cultura, música –por supuesto- y el tema que aquí nos convoca: viajes.  En sus posts más recientes el músico habla sobre su experiencia en Sudamérica, haciendo una mención especial -y muy extensa- sobre su paso por Chile. Con generosas referencias a la situación sociopolítica actual y las manifestaciones de las últimas semanas, la columna también ofrece interesantes perspectivas sobre la idiosincrasia, arquitectura, paisaje e historia locales, todo desde la óptica de un artista.

Es casi sorprendente leer textos escritos por un extranjero que hablen sobre Santiago con tanta lucidez.  En donde muchos se quedan en la superficialidad y alabanzas de los sectores ‘chic’ de la capital, los archi-conocidos barrios bohemios y uno que otro comentario sobre comidas típicas, Byrne ahonda en muchos aspectos que comúnmente quedan escondidos para el ojo foráneo.

Con una agudeza que sorprende, el compositor escocés no se queda corto para emitir juicios sobre la realidad local y la influencia estadounidense en el modelo económico chileno.  También se refiere a la marcada politización de nuestra sociedad y la originalidad de las manifestaciones estudiantiles que han ocupado la agenda nacional en el último par de meses.

Pero no todo es política y actualidad nacional. Byrne también destaca la modernidad de la ciudad en imponentes edificios como el Centro Cultural Gabriela Mistral y el contraste con barrios tradicionales como Conchalí y Recoleta. Así también se refiere a realidades que tan cotidianas son para los santiaguinos, como la presencia de los perros vagos, el metro (aparentemente muy limpio y tranquilo) y las mañanas sabatinas donde casi la totalidad del comercio está cerrado. El músico hace también un interesante resumen sobre la colonización de territorios nacionales por parte de extranjeros en los siglos XIX y XX y su legado en la ciudad.

Finalmente, Byrne recomienda lugares que ya son tradición como el Bar The Clinic, las ferias al borde del Río Mapocho, y la modernidad del ‘barrio alto’ con sus rascacielos y una imponente cordillera de fondo. Termina hablando sobre la rápida familiarización que ha tenido con Santiago y sus lugares más emblemáticos a través de sus caminatas y paseos en bicicleta.

Fan de Talking Heads y David Byrne o no, el texto es un gran ejercicio para ver la realidad capitalina desde ojos extranjeros, que van más allá de lo meramente turístico y de “lo que vale la pena ver”.

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