Isla Navarino: experiencia al fin del mundo

Por Pablo Dutilh

En el noviembre pasado tuve la oportunidad de visitar el fin del mundo. Turísticamente se habla de la famosa ciudad de Ushuaia, en Argentina, como el “fin del mundo”, pero algunos kilómetros más al sur, en el lado chileno, está la Isla Navarino, en donde efectivamente se encuentra el poblado humano más austral del mundo, Puerto Toro, y el pueblo del mismo título, capital de la comuna de Cabo de Hornos, Puerto Williams, con 3.000 habitantes. Desde allí pude sobrevolar el último bastión Patagónico que despide el continente Sudamericano en su totalidad: la Isla Cabo de Hornos. Allí sólo vive una persona con su familia, el marino encargado de manejar el faro.

A pesar de mi larga experiencia en el negocio del turismo, este viaje fue un verdadero suceso. Encontrarme con el final de la aventura patagónica y entender lo que pasa ahí, fue y sigue siendo una maravilla natural y cultural. Es un lugar prístino de increíble naturaleza, muy poco intervenido por el hombre, pero también te enfrentas a un territorio inhóspito que fue habitado durante más de 6.000 años por la cultura originaria Yagán o Yámana, los intrépidos canoeros nómades del fin del mundo. Una cultura que permaneció miles de años viviendo armónicamente con una de las naturalezas más salvajes del planeta, ad portas de la Antártica, es algo realmente maravilloso y hasta mágico.

En Isla Navarino habitan actualmente los últimos descendientes de los Yaganes, y de hecho la última persona 100% yagana. Me refiero a Rosa Yagán o Lakutaia Le Kipa (nombre original) que hoy vive en Villa Ukika, el poblado Yagán de Puerto Williams, desde donde mantiene viva la cultura a través de sus mensajes y trabajos artesanales. Este remanente social es lo que sobrevivió al verdadero exterminio de la raza debido a la acción los colonizadores, que destruyeron la comunidad con el contagio de enfermedades infecciosas que estaban fuera del ecosistema Yagán, y por matanzas por mero deporte, o como si fueran animales de caza que depredaban los criaderos ovinos de la colonia.

De esta forma una cultura milenaria desapareció en menos de 200 años. Y lo que queda hoy, además de estos personajes, herederos genéticos, existen cientos de antiguos asentamientos yaganes o “conchales”, que tuve la suerte de conocer. En esos lugares ellos construían sus chozas (que habitaban temporalmente) y que servían de “estacionamiento” de sus canoas, en unas pequeñas bahías protegidas del viento en donde pasaban la noche y se alimentaban fuertemente de mariscos. Esto dio origen al nombre de “conchales”, debido a que ahí se depositaban todos los desechos de sus faenas alimenticias.

Desde el punto de vista natural, la isla es lugar prístino donde el hombre no ha realizado una mayor explotación de los recursos naturales, sobre todo a las dificultades que provoca su extremo clima. La población humana se concentra en la costa norte de la isla, en las orillas del Canal de Beagle, nombre del primer barco explorador de sus aguas (al mando de capitán Fitz-Roy y acompañado de Charles Darwin), lo que deja el resto de la isla en un estado de conservación casi intacta. La isla posee una superficie de casi 2.500 km2, casi un 30% de la superficie de Chiloé, pero con un 2% de la población chilota, lo que la transforma en un paisaje realmente salvaje, alejado de la civilización y acción del hombre.

Con estos antecedentes, Isla Navarino se transforma en un paraíso para el trekking. Además posee un cordón montañoso de 2.000 m.s.n.m, que en sus puntos más altos tiene una formación rocosa espectacular, denominado los “Dientes de Navarino” , con un circuito de trekking de 5 días alrededor de sus bases. Este circuito pasa por lugares de gran belleza natural y absoluta tranquilidad, muchos lagos y bosques, lejos de lo que sucede en otras áreas de este tipo en donde los senderos son recorridos por una multitud de personas diariamente. Aquí no, estás solo tú y la naturaleza, frente a frente.

A esto se agrega que, desde el punto de vista natural y botánico, la isla se distingue como un lugar de interés científico mundial, concentrando entre el 5-7% de las especies de líquenes y musgos en el mundo, con una extraordinaria belleza en miniatura que se reparte a lo ancho y largo de toda la isla y el Cabo de Hornos. Lo anterior se complementa con majestuosos bosques de lengas y ñirres, alternados por gigantescos turbales o “pantanos” de zonas inundadas, habitadas por plantas acuáticas inferiores o “turba”, que generan un paisaje espectacular de rocas, bosque, lagos, ríos y turberas. Una maravilla del color.

DATOS

No puedo terminar esta nota sin antes contarles de lo que podrán encontrar en la isla desde el punto de vista de infraestructura y servicios, las cosas que harán este sueño una realidad. Primero mencionar que la isla cuenta con un aeropuerto, que conecta con el de Punta Arenas con vuelos regulares, y así mismo con los puertos marinos, también con recorridos también regulares. O sea: llegar se puede y es fácil. Moverse allá también es sencillo, porque existe un camino que conecta todos los poblados y que se puede recorrer en vehículo o bicicleta (82 kms. en total).

Desde el punto de vista hotelero, el pueblo de Williams tiene numerosos hostales de todo tipo, pero mi experiencia de alojamiento y comidas fue en el Hotel Lakutaia que se destaca como el mejor alojamiento de la isla, siendo un lodge de alto nivel –cómodo, acogedor y muy bien atendido– y ubicado muy cerca del pueblo y su aeropuerto.

Un imperdible a visitar en el pueblo es el gran Museo Martín Gusinde, fundado en 1975 y recién remodelado, que recoge entre sus paredes toda la historia y tradiciones de los Yaganes, que quedan retratadas en modernas instalaciones y gráficas que permiten entender muy bien quienes eran y cómo vivían. Algo muy importante de ver si quieres entender el lugar. Otro imperdible de la isla es el Parque Etnobotánico Omora, conocido por su maravilloso “Bosque en Miniatura”, un sendero de interpretación botánico en donde podrás conocer y reconocer las distintas especies de líquenes y musgos, eso sí, lupa en mano.

 

FICHA TÉCNICA

  • Vuelos: Punta Arenas – Puerto Williams, lunes a sábado a las 10 a.m. valor del pasaje desde $120.000 (a la venta en nuestro sitio).
  • Via Marítima: 28 horas de viaje a bordo del Ferry Yagán. Todos los miércoles, valor desde U$ 186.
  • Época del Año: idealmente desde Noviembre a Marzo, pero para los mas aperrados el invierno tiene un clima frio pero muy estable.
  • Alojamiento: Existen múltiples opciones en el pueblo, no hay problemas de disponibilidad. Recomiendo Hotel Lakutaia.
  • Equipo personal necesario: Una buena chaqueta y pantalones para el viento y la lluvia. Zapatos de trekking, gorro y guantes. Siempre una primera capa térmica y un buen mapa, porque en la isla no los encuentras fácilmente.
  • Qué llevar: Lo de siempre, buenos vinitos y delicatessen personales. Porque el tema es bastante restringido para las provisiones especiales. Hay de todo pero lo básico.