Hotel Parque Quilquico: un Chiloé acogedor y auténtico

Por Tania Opazo

En la península de Rilán se levanta uno de los últimos proyectos hoteleros de la Isla Grande de Chiloé: Parque Quilquico. Este hermoso hotel, ubicado frente al humedal de Pullao y a orillas del canal del Dalcahue, posee trece habitaciones y cuatro palafitos familiares que imitan la arquitectura local utilizando materiales tradicionales como lana de oveja y maderas nativas (muchas rescatadas de antiguas construcciones puesto que su corte está prohibido hoy en día).

Al lugar se accede por un camino asfaltado y luego de tierra, la verdad difícil a ratos, toda una aventura, tomando el desvío de la ruta 5 sur algunos kilómetros antes de llegar a Castro. El paisaje, como caracteriza a la isla, es siempre verde, silencioso y refrescante. Al llegar te esperan el personal del hotel, toda gente de la isla (se les nota de inmediato en sus formas, sus ganas y la enorme pasión que muestran p0r el proyecto), quienes te ofrecen algo para beber (agua con frutas en mi caso, bien heladita), para luego llevarte a tu habitación.

Las habitaciones del hotel son como todo debe serlo en Chiloé: calentitas, acogedoras, con camas blandas y chales de lana de oveja que le dan un toque perfecto. Todas tienen un balcón con vista al humedal, y uno podría sentarse todo el día en las reposaderas de madera a mirar los cambios de la marea, tan representativos de la isla y su naturaleza. También hay una terraza al lado del bar, con una vista similar pero donde además puedes tomarte un trago.

La comida de Quilquico, que por todos la busca rescatar la cultura chilota y sus tradiciones, se luce con platos deliciosos y que incluyen ingredientes de la zona, un ejemplo es el Congrio Quilquico Grillé, acompañado de tortilla de papas nativas, salsa ahumada de almejas y verduras del huerto, simplemente increíble. Todos siempre muy atentos y preocupados de atenderte rápidamente (lo que siempre se valora).

El otro elemento que destaca de Parque Quilquico es su piscina temperada, hot tubs, y áreas verdes, las cuales puedes conocer libremente o con un guía, que te contará de cómo los caminos fueron recorridos por generaciones de indígenas, que trasladaban sus balsas al mar. En el camino verás diversa flora, vacas pastando, y podrás conocer a familias que viven en el área, que se dedican a la pesca, la agricultura, y ahora también a producir artesanías (en particular tejidos en lana de oveja, que puedes comprar sin problemas).

También hay un quincho donde se hacen asados al palo, y una sala con televisión y computadores (porque ojo, no hay televisón en las piezas). En general es un excelente lugar para descansar, relajarse y comer rico, además de un buen punto de inicio para realizar otras excursiones en la zona. Lo recomiendo completamente como lugar donde alojar mientras conocen la maravillosa Isla de Chiloé, que el New York Times puso en su lista de lugares a conocer este 2012. O sea, ¡un imperdible!

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