San Pedro de Atacama: la puerta de entrada al desierto

Nuestro product manager, Pablo Dutilh, ha estado innumerables veces en San Pedro de Atacama y en esta columna comparte con nosotros sus razones para afirmar que este pequeño pueblo ubicado en la Región de Antofagasta es el punto de partida ideal para conocer los atractivos del desierto de Atacama.

Por Pablo Dutilh

San Pedro de Atacama es un pueblo pequeño, con una cultura local muy rica, y que a pesar de su poderío turístico (rodeado de hoteles cinco estrellas), ha sabido proteger su estilo rústico y su impronta atacameña y étnica que lo hacen un “chiche”, y que lo han posicionado como un destino imperdible dentro de Chile y Sudamérica.  Y así, tan pequeño como uno lo ve, San Pedro de Atacama tiene una ubicación estratégica, siendo su principal característica que en sus alrededores se encuentran más de cien lugares de interés natural y arqueológico-cultural. Desde ahí se puede acceder fácilmente a numerosos e increíbles atractivos del Desierto de Atacama, todo en un rango de distancias bastante acotado si consideramos las grandes distancias existentes en el desierto y el norte de Chile.

Por ejemplo, el Valle de la Luna está a 10 kilómetros y el Valle de la Muerte a 15 kilómetros. Ambos lugares conforman un paisaje de otro planeta por sus sorprendentes formaciones geológicas, de roca y arena, erosionadas por el agua y el viento. A 12 kilómetros está el Salar de Atacama con su gigantesca costra de sal flotando en salmuera, y sus famosas lagunas Chaxa, Cejar y Teviquinche. Un poco más lejos, a 20 kilómetros, está el Río Puritama, encajonado y con un paisaje precioso de cactus columnares, hasta llegar a sus famosas termas.

Otro destino natural imperdible son los Géisers del Tatio, ubicados a 60 kilómetros. Es impresionante caminar por sobre este fenómeno natural  tan especial, una placa que contiene el vapor a presión a punto de erupcionar. Además está la enorme cantidad de montañas, volcanes y cerros que la Cordillera de Los Andes luce en el altiplano, puedes tomar un auto y llegar fácilmente a los 4 mil metros de altura, y de ahí aventurarte a subir la montaña. Algunos de los macizos más importantes son el volcán Licancabur y Láscar.

Finalmente, y no menos importantes, están los poblados atacameños. Hay una gran cantidad de pueblitos que se pueden visitar y que ofrecen una interesante alternativa para imbuirse de la cultura Atacameña y Aymara. Toconao y Caspana son los más populares, con sus iglesias, casas de piedra, cultivos en terrazas y gente local. Estos se complementan con lugares como Aldea Tulor y los Pukará de Quitor y Lasana, que representan el legado incaico en la zona.

Algunos destinos más lejanos, pero que si está el tiempo está vale cien por ciento la pena visitar, son las lagunas Altiplánicas, Miscanti y Miñique, el Salar de Tara, camino a la frontera con Argentina, cercano los Monjes de la Pakana, gigantescas rocas formadas por la erosión y famosas por su similitud a los Moais de Isla de Pascua. Para los más avezados, sin duda recomiendo cruzar a Bolivia y conocer el Salar de Uyuni, el más grande del mundo.

Por último, y tomando en consideración el duro invierno boliviano que se da en enero y febrero, mi sugerencia personal es conocer San Pedro de Atacama en los meses de julio y agosto. Sí, las temperaturas mínimas, en la noche, son bastante bajas (de -5° a -10°), pero durante el día hay agradables 20° y un sol que no provoca la severa deshidratación del verano, permitiendo realizar muchas más actividades y desvolverse con mayor comodidad.

Les garantizo que podrán ir muchas veces a San Pedro de Atacama y siempre encontrar destinos para visitar que los sorprenderán por su belleza natural y cultural. El desierto, en San Pedro, está ahí, a un paso.