San Pedro desde lo alto

Por Cristóbal Forttes

Debido al auge minero y turístico de la zona, Calama, San Pedro y sus alrededores parecen cada vez más conectados y cercanos. Nuevas carreteras y bypasses se han construido para poder acceder en forma rápida y eficiente estos territorios sin perturbar su tranquilidad ni afectar la fisonomía local. Calama dejó de ser ese pueblo fantasma en medio del desierto y se llenó de malls, hoteles, megasupermercados, barrios habitacionales y un sinnúmero de nuevos negocios que cubren todo tipo de necesidades. Viendo este nuevo oasis en el desierto se hace inevitable preguntarse qué ocurriría si el cobre tuviese el mismo fin que el salitre, ya que en Calama todo gira en torno a este preciado material.

 

Llegando a la preciosa localidad de San Pedro de Atacama comienzan a sentirse esas emociones tan propias del desierto: la desolación, la inmensidad, la claridad que proyectan sus cielos y sus paisajes, los contrastes, la brisa, la energía, la historia y la sal, todo en un lugar que a pesar de todo el crecimiento que ha experimentado, sigue manteniendo 100% viva su esencia original gracias a chilenos y extranjeros que han sabido custodiar este rincón del mundo que eligieron para vivir su propio sueño. Sin lugar a dudas, y en parte gracias a su extendida temporalidad, San Pedro es hoy la capital del turismo Chileno y se puede afirmar con orgullo que está al nivel de cualquier destino turístico destacado en el mundo.

 

Atrás quedaron los cortes de luz a la una de la mañana, las historias verídicas de algún conocido que acampó en el valle de la luna y que incluso tocó su guitarra con el monumento natural de las tres marías como telón de fondo…hoy todo está totalmente protegido por el Estado y muy bien custodiado por las comunidades indígenas locales que viven en torno a la agricultura, la extracción de litio desde las entrañas del salar de atacama, o del bullente turismo.

 

El pueblo cuenta con todo tipo de servicios, comercio de primer nivel a precios elevados y ferias con gran cantidad y variedad de bellísima artesanía local. De noche el pueblo se transforma, dejando ver su lado bohemio con excelentes restaurantes y bares que han integrado a su oferta productos locales como la quínoa, la hierba rica rica y otros que se remontan a los tiempos de los pueblos originarios. Con todo este boom es emocionante ver que este crecimiento se ha generado en un ambiente de total respeto por las culturas locales, su planificación urbana y arquitectura única, justamente todo lo contrario al controvertido mall de Chiloé.

 

La hotelería ha crecido en forma sostenida para satisfacer las necesidades de los visitantes: hay infinidad de hostales, bed and breakfast y pensiones, así como también hoteles cinco estrellas que hoy son capaces de competir con cualquier hotel de categoría mundial. Es en este segmento donde el Hotel Alto Atacama lidera no sólo por su inmejorable servicio, sino que también por su privilegiada ubicación a tres kilómetros de distancia del pueblo y sumamente cerca del Pucará de Quitor, uno de los monumentos arqueológicos más interesantes de la zona. La construcción de Alto Atacama es respetuosa de las imponentes montañas color arcilla que contrastan con el azul profundo del cielo. La abrumadora tranquilidad del lugar hace que el visitante cambie casi de inmediato de estado mental y se sumerja en la inevitable reflexión y la mirada introspectiva. Si hay una forma de definirlo, se puede decir que Alto Atacama es un verdadero oasis dentro de otro oasis.

 

Su arquitectura es armónica con el ambiente, su paisaje se nutre de frutos, plantas y flores de la zona, y su decoración es intensiva en productos locales. De día, la constante brisa y las perfectas vistas al volcán Licancabur y el valle de Socaire inspiran y llaman a un profundo descanso alrededor de sus piscinas con distintas temperaturas luego de un día de intensa actividad física. De noche la temperatura baja y los fogones se encienden para apreciar  un manto de estrellas sobre los cielos más claros y despejados del planeta, todo un privilegio. La tenue iluminación ayuda a crear un ambiente de intimidad mientras disfrutamos de la excelente comida y atención del staff que repara en cada detalle para complacer al pasajero.  Con este escenario, los momentáneos dolores de cabeza producto de la altura se van disipando, el bombeo del corazón se va regulando y por lo mismo ya es hora de aventurarse a descubrir los rincones que ofrecen las excursiones del hotel.

 

Como cualquier lugar turístico con un alto flujo de pasajeros, San Pedro y sus alrededores ofrecen una gran variedad de servicios de buses, tours regulares y paseos masivos para toda la gente que viene a conocer por primera vez el lugar. Es aquí donde Alto Atacama logra diferenciarse: sus excursiones son cuidadosamente planificadas en duración y por lo general se mantienen alejados de la masa de visitantes, muchos de sus guías son avezados escaladores y por lo mismo conocen el lugar como la palma de su mano. Hay además rutas como “las cascadas” que son exclusivas del hotel y durante todas estas experiencias jamás nada queda al azar.

 

A 4.200 metros sobre el nivel del mar, y mientras disfrutamos un exquisito almuerzo frente a la laguna Miscanti, vemos vicuñas, taguas cornudas y una que otra ave que nos mira desde lo alto.

 

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